Martes de Teología y Pastoral

Blog de reflexión teológica y actualidad pastoral de nuestro Instituto
9 Ene 2018

NO TENGAMOS MIEDO DE PEDIR PERDÓN A DIOS

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El sacramento de la reconciliación

 

Muchas veces, cuando nos planteamos participar en el sacramento de la Reconciliación (también llamado de la Penitencia), nos entran todos los miedos, y tendemos a poner (nos) excusas. Pero no hay ninguna dificultad que resulte imposible de vencer. Y todos podemos crecer y madurar en cristiano ayudándonos a celebrar, en la Reconciliación, el perdón gratuito de Dios.

 

Algunas de las excusas más comunes que ponemos ante el sacramento son:

— Yo ya le pido perdón a Dios cuando rezo.

— No encuentro pecados que confesar.

— Me da vergüenza contarle mis cosas a otros.

— ¿Qué va a pensar el cura de mí?

 

El hecho de confesarse no consiste en ir a decir aquello que hemos hecho mal y esperar la consiguiente reprimenda, como cuando éramos pequeños y la mamá o el papá nos reñían. El sacerdote no puede, ni debe reñir a nadie. Su misión consiste en ofrecer el consuelo de Dios que nos llama a transformar nuestra vida y a vivir según nos nuestra Jesús en su Evangelio; animándonos a seguir adelante con valentía, en nuestra vida cristiana.

La confesión consiste en el diálogo que se entabla entre la persona que se acerca a recibir el perdón y el sacerdote, o ministro de la Reconciliación. En la confesión voy a expresarle al ministro que representa a Jesús, el fruto de la revisión que he hecho de mi vida, el pecado que he descubierto en mi vida, a fin de que él pronuncie sobre mí la palabra de perdón y de ánimo.

El perdón es el signo más visible del amor de Dios, que Jesús reveló a lo largo de su vida. No existe ninguna página del Evangelio que no nos hable de este amor que se manifiesta en el perdón.

Así si nos sentimos perdonados y amados por Dios, nos será más fácil también a nosotros perdonar y amar a aquellos que están a nuestro alrededor, incluso a aquellos que más nos cuesta aceptar.

El sacramento de la Reconciliación no ha de ser una losa en nuestras vidas, sino una oportunidad de gozar del abrazo amoroso de Dios que nos acoge como el Padre que espera al hijo que vuelve a él, con los brazos abiertos en señal de acogida, de ternura, de paz y amor.

 

Joan Josep Moré, sdb

Profesor de Sacramentos I y II

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